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10 may 2013

El duelo que duele

Llegar a casa un viernes ya no es lo mismo que antes. 

Antes sabía que los viernes a la noche me tocaba amasar pizza. Que él preparaba el fernet, y picadita y charla de por medio comenzábamos juntos el finde.

Llegar. Abrir la puerta del monoambiente al que bautice Mi Sucucho, no es lo mismo. 

Lo primero que hago es poner música  Lo que sea. Me da igual si es nacional o de la concha de la lora. Lo importante es escuchar una voz en casa.

Todos los días prometo no llorar. Pero es imposible.

Llega la noche y la mente no deja de correr.
Pensar, pensar, pensar.
Imaginar, imaginar, imaginar.

Las dudas. Las preguntas sin respuestas. Los reclamos sin atención.

Todavía quedan cajas sin desarmar. Libros apilados. Una tesis pendiente que ni siquiera tiene un titulo.

Me tiro en la cama. Me sobra espacio.

Poner un plato en la mesa parece en vano, prefiero cenar sobre el mesón mientras miro los relámpagos por el ventanal.

Haga lo que haga, los recuerdos están conmigo. Maldito inconsciente tan consciente.

Al parecer todavía estoy en esa puta primera etapa del duelo. La negación de la pérdida. No me acostumbro a ésta tan conocida soledad.

Es una muerte sin velorio, sin despedida. Sin ramos de flores que caigan sobre un ataúd  Nada de eso. Fue solo una puerta que se cierra. Un hasta luego eterno.

"Va a ser difícil al principio, pero vas a estar bien". Odio esas palabras. Odio el consuelo barato.

Y me tomo un vino asqueroso y me siento patética porque no tomo alcohol y no se que mierda hago tomando un puto vino a esta hora. Prendo un cigarro que no fumo. Lo apago.

En la radio comienza a sonar un tema viejo. Ni se quien lo canta, pero me muevo y simulo estar contenta.

Me tiro en la cama. Los almohadones me acompañan. Miro el techo. Escucho el silencio. 

Un día mas que se apaga. 
Un día menos para olvidar. 
Un día menos y va a sanar....


18 dic 2010

No sé qué quiero decir. Sólo se que tengo que sacarme este dolor de adentro. Este dolor que asfixia, que oprime, que no me deja seguir...

Tal vez soy culpable de estos momentos. Tal vez de algún modo yo ocasione todo esto. O tal vez fue mi ingenuidad. Ilusa, como siempre.

Creer que los olmos dan peras, creer que realmente me amabas.

Y yo que hago ahora con todo este dolor? Que hago ahora con toda esta ilusión? Y los sueños que tuve con vos a mi lado? Donde los entierro?

Erminda, la vecina del fondo que es medio bruja, me dijo que es imposible hacerme una lobotomía. Que no hay gualicho que me haga olvidarte...

Y yo que hago con este corazón en pedazos? Dónde consigo uno nuevo?

Odio esa forma que tenés de entrar a mi vida y salir a tu anotojo...y más lo odio, porque cada vez las cicatrices son más profundas...

19 nov 2010

Sincronicidad

No soy un buen ejemplo de Coleccionista, pero tuve mis etapas. De chica coleccionaba muñecos de peluche. Tenía a montones, todos los días arreglaba mi cama y los colocaba uno al lado del otro. Ordenados por tamaño en incluso parentesco. Sí, parentesco, por ejemplo los leones que eran hermanitos (en esa época estaba de moda la película "El rey león" y mi abuela me había regalado dos). 
Con el término de la secundaria, se terminó la colección de peluches. Empecé a coleccionar sombreros. Fue una colección pobre. Los poco que había conseguido los fui perdiendo en distintas mudanzas.

No recuerdo bien cuándo fue que empezó mi gusto por las mariposas. Sólo sé que en esa época no estaba tan de moda y no era fácil encontrar accesorios o lo que sea con mariposas. 
Cada vez que alguien me preguntaba la razón de mi gusto por las mariposas, antes de responder indagaba si de verdad querían saber el motivo o era solo una mera curiosidad. Pocas son las personas que realmente supieron el motivo.
Tenía dos explicaciones. Dos explicaciones que cualquiera que las escuche le van a parecer un poco...cómo decirlo… “Qué bolazo!” ... generaría una expresión así. En fin, son razones subjetivas. Por un lado, las mariposas me recordaban a una canción que daba una idea más o menos así: cuando las cosas no van como uno quiere, cuando las cosas van mal, “a otra cosa mariposa”. Algo así como doy la vuelta y cambio el rumbo. Esa es una razón. Me ayudo en varias oportunidades. No para darme por vencida, sino para calmar las ansiedades, las posibles angustias y seguir adelante por nuevos caminos.
Otra de las razones es por el famoso y tannn pero tannn trillado efecto mariposa.

En otras entradas hable de las señales. Siempre lo dije, no creo en las casualidades, y sí en las causalidades. Era algo que siempre creía, a raja tabla. Sabía que nada en mi vida, pero nada de nada de todo lo que viví era una mera casualidad. Eso no quiere decir que crea en el destino. Pero sabía que el azar es poco probable en mi vida.
Últimamente no puedo evitar leer las circunstancias de mi vida como señales. Los sueños, las cosas que me pasan durante el día, lo que leo, lo que miro, en todo veo una señal. Muchas de ellas preferí pasarlas por alto. Hasta llegué a pensar en que tal vez me estaba volviendo un poco paranoica.

Hace dos semanas, si mal no recuerdo fue un lunes, llovía mucho. Salí de facultad y tenía que ir a un curso. Si bien eran pocas cuadras entre un lugar y otro, tal vez diez, decidí tomarme un colectivo por el clima. Mediodía, pleno centro porteño. Subo al colectivo. Pido mi boleto. Pongo moneda por moneda en esa máquina vieja. Cuando voy a sacar el boleto, el movimiento brusco del colectivo al doblar hizo que me golpeara la mano, que tiene mis dedos, de los cuales esta mi dedo anular, el cual lleva un anillo que Él me regaló (con dos mariposas). Sentí un raspón y pensé en el anillo. Lo mire y no note nada raro. Así que agarre el boleto y encamine, como pude (porque estaba lleno de gente) hacia el fondo (el fondo siempre es más cómodo y uno viaja mas holgado). No pasaron dos segundos que vuelvo a mirar el anillo. Son dos mariposas. Una negra y otra blanca. Las alas de las mariposas son piedritas de dichos colores. Y sí, vi que faltaba una piedrita de no más de dos milímetros de largo. Encima negra. No lo pienso. Vuelvo a ir hacia el frente del colectivo. Empujando, desesperada. No era perder una piedrita lo que me angustiabapreocupaba, era perder parte del anillo que Él me regalo. Era perder parte de Él. Mientras un chico colocaba sus monedas pase mi mano por donde sale el boleto (el pibe no entendía nada). Mire por todos lados. Miraba el piso. No veía nada. De por sí me cuesta fijar la vista (por leer mucho sin anteojos) y entre el piso del colectivo negro, mojado y la gente que apretaba era casi imposible encontrarla. Pero la encontré. Encontré la piedrita negra diminuta. ¿Casualidad?¿Suerte? No, no creo que haya sido eso. ¿Y si no hubiera mirado de nuevo mi anillo? ¿Y sino hubiera regresado a ver si lo encontraba pensado en que era una tarea imposible? ¿Y si no...?
Casi me puse a llorar y enseguida pensé, es una señal. Definitivamente, para mí, era una señal. El día agitado entre curso y facultad hizo que me olvidara del hecho hasta la noche. Trate de evitar pensar en las señales. No quería volverme paranoica.

Hace unos días, a la noche, víctima de mi insomnio, me puse a lavar mis pijamas a la madrugada. La noche estaba linda. Colgué las prendas en el tender del balcón. Quise agarrar unos broches de ropa, que están en el canastito, sobre el espacio mínimo que deja el marco de la ventana,  al lado de donde esta Lalo. Y si bien me percate de que estaba él, y que no tenía que tirarlo, porque lo pensé, pensé "Cuidado con Lalo", pero igual...no sé cómo, porque la verdad fueron segundos y Lalo cayó. Se salió de la maceta. Entre puteadas lo volví a su lugar, con tierra nueva y de paso lo regué, porque desde que lo traje a casa (otro regalo de Él) no lo había hecho (me había olvidado). ¿Casualidad que se cayó? ¿Casualidad el olvido de regar a Lalo?

Terminé de acomodar a Lalo, terminé de colgar la ropa y me fui a acostar. Suficiente por ese día. Pero en la cama, a oscuras, no pude evitar pensarlo: Señales. Trate de cerrar fuerte los ojos, así como cuando se te arrugan, con fuerza, como si eso evitar hacer que mi mente siga trabajando en esos pensamientos paranoicos.

Los hechos de los últimos días, todos relacionados con Él hicieron que vuelva a pensar en el anillo y en Lalo. Señales de que algo se rompió, señales de que algo tambaleó, se desarmó. Señales de que a esto, a lo que Él y yo tenemos (o teníamos) le faltaba abono (el agua). Algo que le devuelva la vida.

Jung dijo que "la mente puede hacer que las cosas sucedan". Hoy volví a leer sobre Jung y su teoría de la sincronicidad. A través de esta teoría explica la relación simultánea entre una idea (inconsciente) y un hecho físico, sin que uno sea causa del otro. Este fenómeno mental fue usado también para explicar hechos de parapsicología, telepatía, etc.

También otros autores hablaron sobre esto, haciendo referencia a algo así como una ley de atracción: "Piensa en grande y tus hechos crecerán, piensa en pequeño y quedaras atrás, piensa que puedes y podrás; todo esta en el estado mental" (Napoleón Hill).

Y ahora en mi mente hay una dicotomía: sincronicidad o causalidad? Pudo mi mente, mis pensamientos paranoicos, hacer que mis temores se convirtieran en una mera realidad? 

No se si estoy buscando excusas, o explicaciones. Bueno, sí, lo sé. Estoy buscando eso. Porque por ahí, al buscarle la razón a las circunstancias, la realidad no duele tanto, no?

Y para terminar mi tarde reflexiva, no tuve mejor idea que toparme con esta frase:

"El destino de cada individuo encaja, invariablemente, con el destino de otro, siendo cada cual héroes de su propio drama mientras figura, simultáneamente, en un drama que le es ajeno. Todo esto es algo que escapa a nuestro poder de comprensión y cuya posibilidad solo podemos concebir en virtud de una maravillosa armonía preestablecida"
(Arthur Schopenhauer, el subrayado es mío)

16 nov 2010

Día gestáltico (Ley de cierre)

Hoy me levanté triste. Me hice un café, que se enfriaba mientras revisaba el correo y leía el diario.
Miré por la ventana. En la radio hablaban de probables lluvias. Pero yo vi que se asomaba el sol, al menos a las diez de la mañana, se colaba por mi ventana y me acariciaba.

No, no podía empezar un nuevo día así, triste. Algo tenía que hacer con esto (entiéndase por esto a mí misma en estado post llanto nocturno a causa de que le hayan roto el corazón, una vez más).
Me puse unas calzas, una musculosa medianamente larga y holgada, me calcé las zapatillas negras que me apretaban por no usarlas nunca y me fui a caminar al Parque Centenario.

Una hora caminando. Una hora dando vueltas al parque. No sé cuantos kilómetros son. Eso no importaba. Solo quería sacarme la angustia de encima. Y puedo decir que lo logre.

Y acá me voy a desviar en varias cosas de esa hora y media en el parque.

En primer lugar, es curioso [?] cómo, cuando uno va caminando sin rumbo y sin apuro se percata de esas cosas que en otro momento no hubiera mirado jamás.

En segundo lugar. No sé si alguna vez mencione mi "odio" y "fobia" hacia las palomas. Siempre creí que eran una plaga que estaba superando a los humanos. Pero, ¿saben que? Acabo de darme cuenta, así por insight [?], que hay otra especie (detestable por mí, amada por otros) que se están dispersando por todo el planeta de manera muuuy cautelosa. Sí señores, hablo de los gatos. Están por todos lados. Y si hay algo que detesto es el olor a gato. Y en el parque, así como en el Botánico y otros lugares de Buenos Aires, esta lleno de gatos! Una, que ama los libros, no puede detenerse en las ferias de libro como la de Parque Rivadavia o este mismísmo parque Centenario porque esta plagado, no solo del olor de estos individuos, sino que también podes ver su pelaje suelto e incluso a ellos mismos durmiendo sobre los estantes. Pero bueno. Acá no quiero generalizar. Hoy observe a algunos dueños de puestos limpiar libro por libro, y hasta prender un sahumerio!

En tercer lugar. Estés buena o no, es fija (dijera el amigo Petardo) que si vas a caminar, otro individuo del sexo opuesto te va a mirar y sonreír cada vez que te lo cruces.

En fin. Después de dar vueltas por el parque me acorde de haber visitado una vez una librería que está en la esquina de Díaz Velez. Así que encamine para ahí. Si bien había llevado algunos pesos, me autoprometi no tentarme y solo ir a chusmear los libros. Pero aquellos a los que les gusta leer, saben que cumplir esa tarea de mirar libros y no adueñarse de alguno es IM- PO- SI- BLE!

Así después de mirar y mirar...estuve entre comprarme uno de Eric Fromm (que ya había leído) y el que finalmente me traje. Porque los libros cambian. Uno puede leer un libro, y después de un tiempo volver a leer y encontrar otra historia, otro tema, otra enseñanza, rescatar algo nuevo. Creo que al leer un libro, influye mucho el momento emocional-afectivo que uno este viviendo.
Así que decidí comprarme las "Cartas a una joven psicóloga" de Ignacio Solares. Lo poco que leí me gusto. Es lo único que puedo decir por ahora.

Para completar la tarde tuve una linda charla con un amigo y pude comenzar a preparar mis exámenes finales ( y disfrute de hacerlo!).

Y ahora me voy a mimar con unos ricos ravioles. Sí sí, así como están leyendo, voy a cocinar (increíble).

Y haciéndole culto a la Gestalt, para cerrar puedo decir que Hoy me voy a acostar contenta.

21 oct 2010

Catarsis económica

No puede estar todo tan caro!!
Ayer estuve caminando por Cabildo. Quería compararme un jean. Me indigne. El promedio sale $200 y si conseguís de menos, no te calzan bien.  Ni hablar de si sos alta como yo, te quedan tipo short!

Hoy fui a "farmapueblo" y por un par de boludeces (entiéndase: shampoo, acondicionador, desodorante, curitas, etc.) gaste casi $70!!!

Y para hacerme la que ahorro me fui al chino de la vuelta y aprovechar las ofertas (capciosas): gasté $50 en artículos de limpieza, un sachet de leche y toallitas femeninas (de más esta decir que ser mujer sale el doble de caro!).

Indignada, enojada, irritable...en fin, necesitaba hacer catarsis.

"Chito" Con miedo a que llegue su fin...

18 oct 2010

Cada vez que digo "Estudio psicología"...

...escucho frases como estas que me dan ganas de repartir piñas y patadas descontroladas:

  • "Uy no me vayas a psicoanalizar!"
  • "Mi esposo ordena la ropa por color, que significa eso?"
  • "Me dan miedo las arañas, como me curo de eso?"
  • "Sabes hipnotizar?"
  • "Tanto te gusta escuchar los problemas de las personas?!"
- También me saca leer historias sobre psicólogos muy mal contadas (desde la practica profesional). 
- Que cada vez que opino algo me digan "Ay! ya tenias que salir con la psicología" A ver...pensar, tener lógica, tener valores, no es directamente proporcional a estudiar psicología!!!
- Que mi vieja cada vez que puede me cuente que todas las psicólogas que ella conoce quedaron locas (una tiene un tic nerviosa, otra es cleptómana y otra no se que mierda le paso).
- Que mis amigas me digan "Me vas a tener que psicoanalizar gratis".
- Que mi hermana cada vez que se pelea con su novio me llame y me pida una interpretación de los hechos.
- Que me digan "Porque Freud habla tanto del pene, el falo y del Edipo?" A ver...no te pienso explicar en dos minutos lo que a un tipo le llevo teorizar y escribir años!!
- Que usen el término "histérica" para referirse al sexo femenino.
- Que cada vez que les explico a mis compañeros por qué no me gusta el psicoanálisis me digan que estoy "negada" a Freud.

La lista es larga...todos los días podría hacer catarsis con esto....

Y sí, en mi curso hay muchos que estamos biennn locos!!! 

Y afuera también.