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7 jun. 2011

22 noches y no se cuantos días...

Escribir. Hace días, semanas (muchas) que no lo hago. Siempre hay una excusa. Que la mudanza...Que tengo que acomodar todavía algunas cajas de libros. Que esto, que lo otro. Y no es que no me guste escribir, todo lo contrario! Lo disfruto, y ahora, lo necesito! La excusa de no tener una musa inspiradora fue haciendo que los temas que aparecían en mi mente los fuera guardando "para cuando surja el momento"... Sin embargo, siempre tenemos a nuestro alcance un papel y una birome para escribir y sacarnos de encima eso que tanto necesitamos decir.
Cuestión que acá estoy. Última hora de la jornada laboral. La semana recién estira las patas y empieza a correr con sus actividades y yo no logro alcanzarla. Necesito mi dosis de fin de semana de manera urgente.

A todo eso, se le suma que estoy padeciendo ese síndrome de abstinencia por la escritura...Ya ni me soporto. El otro día, en el supermercado, mientras trataba de deliberar con mi otro yo sobre qué marca de arroz comprar, me surgio una idea. Enseguida metí mis manos en los bolsillos de la camepra en busca de un papel. No había nada. Agarré uno de los billetes que tenía en la billetera y le pedí una birome a la cajera. Claro. Tuve que reducir los gastos de esa compra para evitar usar ese billete.

Anoche estaba en el baño colocandome esas cremas exfoliantes que una necesita usar cuando pasó los ventitantos y me inunde de ideas... Miré el rollo de papel higienico de reojo, pero no tenía un lápiz labial a mano ni un delineador. Miré para el otro lado y estaba el dentrifico. Lo agarré y unté un poco mi dedo índice y escribí un par de palabras sueltas sobre el espejo.

Acá estoy. Entre paredes frías de una oficina del barrio Boedo. Contando los minutos para salir. Nada me detiene para empezar a esciribr. Es la oportunidad. No hay excusas. No tengo trabajos pendientes. Ya entregué los informes del día. Y todavía no cumplí mi horario para poderme retirar. Por ende, la obligación de estar frente al monitor por al menos una hora más es un indicio de que es el momento de escribir. Pero no puedo. Todas esas ideas anotadas se esfumaron (o yo las esfumé hacia esos recodos inaccesibles de mi inconciente). Mis manos tiemblan. Será que en algún punto reprimo esas palabras que necesito (contradictoriamente) escupir con mis manos?
Será que saber quiénes pueden estar del otro lado leyendo estas líneas me condiciona en algún aspecto?
O sera justamente, que quien deseo más que nunca que este del otro lado (al menos ese lado) ya no está?

Y me cuelgo. Mi mente divaga. Mi mente imagina. Mi mente viaja al pasado. Da vueltas, va y viene. Fantasea y adorna. Cambia el rumbo de lo que no fue.

Un llamado interrumpe. Un trabjao de último momento pareciera ser la excusa para dejar las ideas en standby. Mañana. Capaz mañana me animo y escribo.