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15 may. 2012

A veces se acumulan demasiado las ganas de decir.

A veces se acumulan demasiado las ganas de decir. Las palabras guardadas en el cajón profundo de nuestro corazón pujan por salir. Cada vez más, una a una se unen. Son montones y hacen fuerza y necesitan ser dichas.

Y ya sabemos que pasa cuando lo que hay que decir no es dicho. Y empiezo a morir internamente lentamente.
Y llega el día en el que exploto. En que levantarme ya es un dolor de cabeza. En que ir a trabajar ya se transforma en gastritis y dolor de estomago. Y en el que hablar con un amigo se transforma en faringitis.

Y no me soporto. Y es una mezcla de sentimientos y emociones transformadas que fluctúan desde la bronca, la tristeza, la apatía, el dolor....y ...y.... eso que se siente y no se sabe como definir.
Y cualquier recuerdo es excusa para llorar. Cualquier motivo es excusa para encerrarme en mi habitación y hacerme sanguchito con dos almohadas y aislarme de mundo aunque sea por unos instantes.

Y el "que te pasa?" molesta. Te rompe las pelotas escucharlo. Basta! Basta de todos.
Basta de tanta paciencia. Basta de tanto subir peldaños pensando que existe una gratificación en la cima. Quiero la gratificación a cada instante. Quiero sentir que cada estación de este viaje interminable vale la pena.

Buscarle sentido a la vida. Buscarle sentido a la existencia. Dejar las dudas a un lado. Dejar de analizar y de buscar el porque a cada cosa.

Ya no se trata de entender.

Y leo. Y escribo. Imagino. Es tiempo de despedir y dejar atrás lo vivido. Es tiempo de dejar de pensar el futuro.